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Catchall Blog/ Cajón de sastre

La alquimia de las emociones y la longevidad saludable

Sabiduría, catarsis y resiliencia del espíritu humano

El paisaje emocional de la vida de los adultos mayores contiene sombras y luces: un dolor intenso junto a una alegría inesperada, un aislamiento junto a una conexión profunda. Al comprender mejor este terreno y escuchar las voces de las propias personas, podemos ayudar a que un gran número de adultos mayores lleve vidas más largas, más ricas y más emocionalmente satisfactorias. La longevidad solo tiene sentido si va acompañada de salud, tanto física como psíquica.


Para muchos, la idea de envejecer evoca imágenes de soledad, decadencia e irrelevancia. Pero la realidad emocional de la tercera edad es mucho más compleja y, a menudo, mucho más esperanzadora de lo que sugieren estos estereotipos. En todas las culturas y continentes, los adultos mayores transitan un terreno emocional único, marcado por pérdidas profundas, una libertad inesperada y, con frecuencia, una honda comprensión de sí mismos, algo que, a menudo, elude a los jóvenes.

El concepto de catarsis, entendido como el proceso de liberación o descarga de las emociones más desagradables, es inherente al ser humano. Nace de su necesidad intrínseca de purificarse emocionalmente y trascender. Pensemos en los pueblos más antiguos de Oriente Próximo o en la civilización egipcia, que alcanzaron resultados de gran importancia en el campo de la sanación de enfermedades al interpretar la patología bajo el prisma de los estados del alma, de lo mágico o lo divino. También estaba presente en la mitología clásica, cuyos relatos muestran cómo el funcionamiento de la dialéctica emocional permite acceder a los misterios más profundos del ser humano: los mitos de Edipo, Orestes, Antígona o Medea son claros ejemplos. Aristóteles también profundizó en este concepto en su Poética, el tratado por excelencia de la tragedia, al definir el término por su capacidad de infundir en el espectador una purificación emocional a través de la compasión o del temor.

En el Renacimiento, el empleo de la categoría de catarsis se reinterpretó desde dos enfoques: el estético y el ético, y acabó prevaleciendo el enfoque deontológico, educativo y social. Para los renacentistas, la catarsis no solo era liberadora de las pasiones negativas, sino que, a través de la obra de arte que la suscitaba, también se instaba a dominarlas y a educar la emotividad por imitación. El concepto catártico llega a nuestros días a través del médico austríaco Josef Breuer, pionero del psicoanálisis, quien concibió una técnica terapéutica mediante la palabra, o talking cure, que más adelante Sigmund Freud desarrollaría. Se entiende como el proceso de liberación o descarga de emociones reprimidas o de afectos patógenos asociados a experiencias traumáticas. Actualmente, la catarsis constituye un componente esencial para la salud de las personas; la entendemos como la liberación, la identificación y la gestión de nuestras emociones, con el objetivo de reducir la tensión anímica y fomentar nuestra integración en el sentido holístico y gestáltico del término.

Esta disposición a liberarse, aun con incomodidad, parece crucial para el bienestar emocional en la vejez. La investigación sobre el envejecimiento afectivo sugiere que, si bien la intensidad emocional puede disminuir con la edad, los adultos mayores suelen desarrollar estrategias más sofisticadas para regular sus emociones. La teoría de la selectividad socioemocional explica que, a medida que las personas reconocen que su horizonte temporal se reduce, priorizan metas y relaciones verdaderamente significativas. A pesar de las pérdidas y duelos acumulados que conlleva el envejecimiento, como la muerte de seres queridos, el deterioro físico y, en ocasiones, el deterioro cognitivo, junto con los cambios en los roles sociales, muchos adultos mayores reportan niveles sorprendentemente altos de satisfacción con la vida. A esto lo denominamos, los psicólogos, la paradoja del envejecimiento.

La historia nos habla de la propensión inmanente del individuo a codificar y ordenar su mundo afectivo. En ese proceso nos encontramos con situaciones y sucesos que debemos abordar mediante estrategias de afrontamiento que promuevan la adaptación y el bienestar. Si bien es cierto que el afrontamiento cognitivo y conductual es fundamental para nuestra felicidad, también lo es que la regulación de los aspectos emocionales y el intento de mantener el equilibrio afectivo son la piedra angular del bienestar en cualquier etapa de nuestra vida. Enfocar, desde lo afectivo, la confrontación de conductas disfuncionales en las personas implica trazar estrategias orientadas a regular su respuesta emocional ante diversas circunstancias, lo que puede cambiar el significado de una situación sin distorsionar la realidad. En la senilidad, nos encontramos en un momento vital apasionante y, a la vez, sobrecogedor, porque contamos con la experiencia y la sabiduría que los años otorgan, y, a la vez, es un momento de síntesis e introspección, de equilibrio entre un pasado inevitable, el presente y un futuro que siempre se manifiesta incierto. El desafío consiste en encontrar el equilibrio disfrutando del presente, apoyándonos en el valor de la propia experiencia, sin que la incertidumbre asociada a las variables externas e impredecibles nos abrume.

Al mismo tiempo, en ese ejercicio de síntesis y a medida que la vida avanza, es importante que todos nosotros practiquemos la aceptación de aquello que es saludable soltar y la valoración de aquello que conservamos, para, finalmente, elaborar las experiencias que realmente dan sentido a nuestras vidas. Esta dinámica, tan bien desgranada por el propio Sigmund Freud (1980) en su artículo de 1914 «Recordar, repetir y reelaborar», nos permite construir una narrativa coherente de nuestra propia historia, impulsando la resignificación de nuestro pasado para ser dueños de nuestro presente y, aunque sea parcialmente, de nuestro futuro. Alcanzar esa armonía y trascendencia en la adultez es, sin duda, un reto en el que la catarsis, el autoconocimiento y la gestión emocional son determinantes.

Por otra parte, el concepto de envejecimiento como proceso del pensamiento es relativo, subjetivo y heterogéneo, ya que no existe una relación lineal directa entre la edad cronológica (años vividos) y el funcionamiento cognitivo. Puede haber una desconexión entre la edad cronológica y la experiencia subjetiva, algo común entre muchas personas mayores. Un estudio sobre el bienestar psicológico en adultos mayores chinos identificó cuatro subtipos emocionales distintos, con transiciones entre ellos, que revelan lo que los investigadores llaman amortiguamiento y aumento de las emociones, dos fenómenos opuestos en la regulación emocional que describen cómo gestionamos, reprimimos o intensificamos lo que sentimos. Esto sugiere que la experiencia emocional en la vejez es dinámica en lugar de estática (Oshio y Shimizutani, 2024, 2025; Mackenzie et al., 2025).

Sin embargo, no todos los adultos mayores atraviesan estas transiciones con éxito. La soledad, que defino como la epidemia oculta de nuestro tiempo, es un factor determinante en ese tránsito, pues afecta a una parte sustancial de la población de edad avanzada. Las investigaciones indican que entre el 2 % y el 9 % de los adultos mayores en países desarrollados experimentan una soledad grave, mientras que entre el 30 % y el 39 % afirman sentirse solos ocasionalmente. Estas tasas aumentan aún más entre los mayores de 80 años. La conexión social a menudo amortigua los efectos adversos, incluso cuando persisten las barreras económicas o sistémicas. Una reciente investigación experimental aleatoria demostró que tanto la práctica de la meditación como la de idiomas no nativos redujeron la soledad en adultos mayores al compararlos con un grupo sin dichas prácticas. Se deduce, así, que compartir actividades regulares con el mismo grupo de personas a lo largo del tiempo marca una diferencia significativa (Saito et al., 2024).

Cabe destacar que, a pesar de la prevalencia de problemas de salud mental entre las personas mayores —entre un 5 % y un 15 % de los adultos mayores que viven en comunidad padecen depresión y entre el 15 % y el 40 % de los que reciben cuidados a largo plazo—, la mayoría no busca ayuda. ¿La razón más común? No la quieren ni la necesitan, según afirma más del 60 % de los adultos mayores con problemas de salud mental en varios países. Esta respuesta puede enmascarar barreras profundas, pues el estigma de la salud mental se considera un obstáculo importante. De hecho, muchas personas mayores, debido a condicionantes de naturaleza generacional, la conciben como un fenómeno circunscrito a la esfera privada, cuya manifestación se interpreta erróneamente como un fracaso personal (Miller, 2025). Estas creencias no se distribuyen de manera uniforme en la población. De este modo, la investigación del proyecto LECOM Health BRIDGES en Estados Unidos encontró que el 46 % de los adultos mayores encuestados indicó que ese estigma afecta su disposición a buscar atención psicológica, con tasas más altas entre quienes tienen ingresos familiares inferiores a $25,000. Asimismo, los encuestados afrodescendientes e hispanos eran más propensos a expresar desconfianza en las relaciones con psicoterapeutas, dado que, con una bajísima tasa de especialistas procedentes de sus comunidades de origen, detectaban con frecuencia dificultades de comprensión de su contexto cultural; esto refleja desigualdades de larga data en la atención médica (Oshio y Shimizutani, 2024; Löckenhoff y Carstensen, 2004).

Las nuevas investigaciones sugieren que la experiencia emocional de los adultos mayores puede diferir fundamentalmente de la de los más jóvenes, no solo en su contenido, sino también en su manifestación física. Un estudio reciente que examina la coherencia emocional mente-cuerpo encontró que la conexión entre los sentimientos subjetivos y las respuestas corporales, tales como la actividad de los músculos faciales, la conductancia de la piel y la temperatura de las yemas de los dedos, se altera en los adultos mayores ante determinadas emociones (Yang et al., 2025). Por ejemplo, al ver películas que provocan ira, los mayores mostraron una coherencia más débil entre sus emociones informadas y la actividad de los músculos faciales en comparación con adultos más jóvenes. Para las respuestas relacionadas con la excitación ante los estímulos de la ira y la satisfacción, las diferencias de edad fueron aún más sorprendentes: los adultos más jóvenes mostraron correlaciones positivas entre las respuestas subjetivas y fisiológicas, mientras que las personas mayores mostraron correlaciones negativas (Löckenhoff y Carstensen, 2024). Estos hallazgos sugieren que la experiencia de la emoción en sí misma es susceptible de cambiar con la edad, lo que podría contribuir a la templanza y estabilidad emocional que muchos mayores reportan.

A lo largo del estudio, surgen ciertos temas sobre las cuestiones que favorecen el bienestar emocional en la vejez. La participación comunitaria encabeza la lista: los centros para personas mayores, los grupos religiosos, las asociaciones civiles, las acciones de voluntariado y los programas de apoyo entre pares pueden contribuir a la detección de problemas de salud mental, a la reducción del aislamiento y a la mejora de la calidad de vida. Los Países Bajos, por ejemplo, ofrecen un modelo a través de su programa gubernamental Unidos Contra la Soledad, que incluye visitas domiciliarias anuales a personas de 75 años o más, líneas telefónicas atendidas las 24 horas, con personal voluntario, y ayuda para conectar a personas solitarias con actividades locales. En Inglaterra, el NHS ha incorporado la prescripción social, que vincula a los pacientes con el apoyo comunitario en su plan a largo plazo (Oshio y Shimizutani, 2024; Pollak et al., 2025). Igualmente, hay programas sistemáticos de esa naturaleza en España y otros países europeos.

La vida emocional de los adultos mayores es importante no solo para su propio bienestar, sino también para el de sus familias, las comunidades y los sistemas de salud. La depresión y la ansiedad en la vejez se asocian con una recuperación física más lenta, un peor estado funcional, una mayor discapacidad y dependencia de los cuidados. También exacerban las enfermedades crónicas y dificultan la adherencia al tratamiento. Sin embargo, existen intervenciones efectivas que pueden marcar la diferencia: integrar la salud conductual en el manejo de enfermedades crónicas, capacitar a personas facilitadoras en primeros auxilios de salud mental y en atención informada sobre traumas, fortalecer las redes de referencia y ampliar las opciones de tecnologías de uso sencillo para las comunidades rurales.

Consciente de la importancia de estos procesos emocionales en la longevidad y sabedores de su impacto en la calidad de vida de los adultos mayores, Afundación de Galicia, en colaboración con Matia Instituto de Donostia, inició en el año 2022 un programa «Conociendo las emociones», que ya contaba con un pilotaje previo dos años antes (Escotet, 2022). Este proyecto, orientado a desarrollar recursos psicológicos para la gestión emocional en la vejez, nació como una propuesta colaborativa, pues personas usuarias participaron en su diseño y cocreación, atendiendo a sus propias necesidades y expectativas. De esta manera, el programa no solo ofrece respuestas a los contextos reales de todos los participantes, sino que también fomenta la intervención de las personas mayores, dándoles voz y promoviendo su implicación en una cuestión de su interés.

Y ahí radica el carácter innovador de este programa, que ha sido testado, validado e implementado en varias ediciones a lo largo de los años. Los excelentes resultados conseguidos, el buen impacto en la salud emocional de sus participantes, así como su deseo de seguir adquiriendo conocimientos y competencias socioemocionales, ha impulsado a avanzar en este camino y generar un nuevo desarrollo, cuyo título es «Profundizando en las emociones». Fue trazado en conjunto con las personas facilitadoras que acompañaron a las usuarias en «Conociendo las emociones». Se han basado en su experiencia y en el conocimiento de las necesidades y expectativas de todas las personas participantes, así como en el análisis de los resultados del desarrollo inicial del proyecto, para elaborar esta nueva propuesta de Afundación. Se han enfocado en favorecer la reflexión y la expresión grupal de las emociones que surgen en la vejez, en particular las que se generan en el ámbito de las relaciones personales.   

El paisaje emocional de la vida de los adultos mayores contiene sombras y luces: un dolor intenso junto a una alegría inesperada, un aislamiento junto a una conexión profunda. Al comprender mejor este terreno y escuchar las voces de las propias personas, podemos ayudar a que un número elevado de adultos mayores lleven vidas más largas, más ricas y más emocionalmente satisfactorias. La longevidad solo tiene sentido si va acompañada de salud, tanto física como psíquica. La gestión de las emociones es una de las herramientas más poderosas para alcanzar una longevidad saludable. El crecimiento humano, la sabiduría, no se manifiestan únicamente en el desarrollo cognitivo, sino también en el afectivo, en la aprehensión del mundo a través de los sentimientos. Como expresó Carl Gustav Jung (1971), «No debemos pretender comprender el mundo solo por el intelecto. El juicio del intelecto es solo parte de la verdad».

Florecer como seres humanos, en cualquier etapa de nuestras vidas, exige la valentía de transitar y gestionar nuestras emociones, implica un proceso catártico y una refinada maestría sobre la propia interioridad. En este sentido, la catarsis se erige como la alquimia emocional que facilita la estabilidad entre los ámbitos afectivo y cognitivo, permitiendo a las personas alcanzar una síntesis integradora de su trayectoria vital e impulsando el cultivo de experiencias significativas para adquirir sabiduría. Esto nos invita a concebir el aprendizaje como una evolución permanente a lo largo de la vida. Reiteramos que el auténtico desarrollo humano se sustenta en la comprensión profunda de nuestra propia dicotomía entre el procesamiento lógico y el emocional. Así nos lo decía Aristóteles: «Conocerse a sí mismo es el principio de toda sabiduría».

Referencias

Escotet, M. A. (2022). Entre la sabiduría y la incerteza. En S. Marsillas y P. Díaz-Veiga (Eds.). Conociendo las emociones. Afundación y Matia Instituto.

Freud, S. (1980). Recordar, repetir y reelaborar. En Obras completas: vol. XII (1911-1913). Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente. Trabajos sobre técnica psicoanalítica y otras obras. Amorrortu. (El artículo fue publicado originalmente en alemán en 1914).

Jung, C. G. (1971). Collected Works. Volume 8. Psychological Types. Princeton University Press. (El libro fue publicado originalmente en alemán en 1921).

Löckenhoff, C. E., & Carstensen, L. L. (2004). Socioemotional selectivity theory, aging, and health: The increasingly delicate balance between regulating emotions and making tough choices. Journal of Personality, 72(6), 1395-1424. https://doi.org/10.1111/j.1467-6494.2004.00301

Mackenzie, C. S., Krook, M. A., Murphy, D. J., & Rapaport, L. E. (2025). Mental health literacy reduces the impact of internalized stigma on older adults’ attitudes and intentions to seek mental health services. Clinical Gerontologist, 48(2), 299–311. https://doi.org/10.1080/07317115.2024.2408762

Miller, D. (2025). Silent struggles: Stigma, mental health disclosure, and social support in older adulthood. University of Dayton Stander Symposium Projects. 3894.

Oshio, T., & Shimizutani, S. (2025). Comparing age-happiness relationships between Japan and Europe. The Journal of Economics of Ageing, 32, 100606. DOI:10.1016/j.jeoa.2025.100606

Oshio, T., & Shimizutani, S. (2024). Well-being paradox: Comparing the age-happiness relationship across Japan, China, and the US. The Japanese Economic Review (JER), 75, 547–562. https://doi.org/10.1007/s42973-024-00169-2

Pollak, C., Pham, Y., Ehrlich, A., Verghese, J., & Blumen, H. M. (2025). Loneliness and social isolation risk factors in community-dwelling older adults receiving home health services. BMC Geriatrics, 25, 278.

Saito, A., Sato, W., & Yoshikawa, S. (2024). Altered emotional mind-body coherence in older adults. Emotion, 24(1), 15-26. DOI: 10.1037/emo0001249

Yang, L., Yang, R., Liu, T., Wang, J., Wang, B., Zhao, F., Zhang, Y., Zhang, P., & Zhang, H. (2025). Latent profile analysis of loneliness among elderly people in the community and its relationship with cognitive function. Frontiers in Aging Neuroscience, 17, 1574095. DOI: 10.3389/fnagi.2025.1574095


©2026 Miguel Ángel Escotet. Todos los derechos reservados. Se puede reproducir citando la fuente y el autor. Este artículo ha sido escrito para prologar la publicación de Sara Marsillas e Itziar Gurrutxaga (2026). Profundizando en las emociones. Ediciones Afundación. 127 páginas.