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El deber compartido de la sociedad para la prevención en salud mental

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó en 2025 que más de mil millones de personas en todo el mundo viven con un trastorno mental de diversas características y condiciones. Esta cifra representa una parte significativa de la humanidad, y los trastornos de ansiedad y depresión son los más comunes. El costo humano es catastrófico. Invertir en la prevención y la promoción de la salud mental no es solo un imperativo moral, sino también una estrategia económica excepcionalmente sólida.


Durante demasiado tiempo, la salud mental se ha planteado como una lucha individual, una batalla privada que debe librarse en soledad. Sin embargo, los datos más recientes a nivel mundial muestran una imagen diferente y alarmante: la salud mental es un desafío social que exige una respuesta colectiva. Las cifras ya son demasiado impactantes como para ignorarlas. Con más de mil millones de personas que viven con un trastorno mental (OMS, 2025a), queda claro que el modelo actual de atención fragmentada y centrada en las crisis está fracasando. Hoy en día, una buena parte del absentismo laboral se manifiesta en un aumento de las malas condiciones de salud mental. Es cierto que una persona puede utilizar su estado temporal de salud mental como excusa fraudulenta para ausentarse sin estar enferma. Esto es una conducta moral inapropiada que afecta a todos los demás trabajadores, pero en ningún caso la transgresión de la ética de unos justifica la necesaria y urgente acción en favor de la salud mental de todos. Las pruebas demuestran claramente que invertir en prevención y promoción no es solo un imperativo moral, sino también una estrategia económica excepcionalmente sólida.

Una carga global inconmensurable

En 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó dos informes emblemáticos, Salud Mental Mundial Hoy y el Atlas de Salud Mental 2024, que confirmaron que más de mil millones de personas en todo el mundo viven con un trastorno mental (OMS, 2025a; OMS, 2025b). Esta cifra representa una parte significativa de la humanidad, y los trastornos de ansiedad y depresión son los más comunes. El costo humano es catastrófico. Solo en 2021, aproximadamente 727.000 personas murieron por suicidio, lo que lo convierte en una de las principales causas de muerte entre los jóvenes de 15 a 29 años (OMS, 2023). Los trastornos mentales también son la segunda causa mundial de discapacidad prolongada, lo que priva a las personas de una vida productiva y saludable (OMS, 2024). Al comparar la carga global de enfermedades, los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias son la causa principal de años vividos con discapacidad en todos los grupos de trastornos a nivel mundial (OMS, 2025a).

La profundización de la crisis y las brechas de financiación

A pesar de la magnitud de la crisis, la respuesta mundial ha sido peligrosamente inadecuada. El gasto público en salud mental se ha estancado, con una asignación media de apenas el 2% del presupuesto total de salud, una cifra que no ha cambiado desde 2017 (OMS, 2025b). La disparidad de financiación entre países ricos y pobres es extrema: los países de altos ingresos gastan hasta 65 dólares por persona en salud mental, mientras que los de bajos ingresos gastan tan solo 0,04 dólares (OMS, 2025b). Esta infrafinanciación crónica ha provocado una grave escasez de trabajadores de salud mental, con una mediana mundial de solo 13 profesionales por cada 100.000 habitantes y una escasez extrema en los países de ingresos bajos y medios (OMS, 2025b).

En consecuencia, la brecha de tratamiento es enorme. En los países de bajos ingresos, menos del 10% de las personas afectadas recibe atención, frente a más del 50% en las naciones de altos ingresos (Médicos Sin Fronteras, 2026). Para los trastornos mentales graves, la brecha de tratamiento se estima en hasta el 90% (Eaton, 2025). El sistema sigue dependiendo en exceso de modelos institucionales obsoletos; menos del 10% de los países han hecho la transición completa a modelos modernos de atención comunitaria, y casi la mitad de todos los ingresos psiquiátricos hospitalarios son involuntarios (OMS, 2025b).

El caso económico y social de la prevención

Un sistema reactivo centrado en el tratamiento no solo es inhumano, sino también económicamente insostenible. Los costes indirectos de los trastornos mentales, en particular la pérdida de productividad, son inmensos. Solo la depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial un estimado de 1 billón de dólares al año (OMS, 2024). Sin embargo, la prueba más convincente de la responsabilidad social radica en la rentabilidad demostrada de la prevención. Invertir en salud mental no es caridad; es una inversión con un retorno calculable. Por cada 1 dólar invertido en ampliar el tratamiento de la depresión y la ansiedad, se obtiene un retorno de 4 dólares en la mejora de la salud y la productividad (OMS, 2024).

Las medidas preventivas más amplias para las enfermedades no transmisibles, que incluyen la promoción de la salud mental, resultan igualmente eficaces. La OMS informa que una inversión adicional de solo 3 dólares por persona al año en un conjunto de intervenciones probadas y rentables generaría hasta 1 billón de dólares en beneficios económicos para 2030, prevendría 28 millones de ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares, y salvaría 12 millones de vidas (Naciones Unidas, Ginebra, 2025; Dönmez, 2025). El multiplicador económico es inmenso: por cada 1 dólar invertido en políticas seguras y eficaces, se obtiene un retorno de 7 dólares por persona (OMS, 2024).

Un plan de acción para la responsabilidad colectiva

Los datos apuntan a una conclusión ineludible: la salud mental es un problema social que requiere una solución social. La OMS ha pedido una transformación urgente de las políticas de salud mental, alejándose de los modelos biomédicos y avanzando hacia un enfoque comunitario y basado en los derechos (Eaton, 2025). Esto significa ir más allá de los hospitales psiquiátricos especializados e integrar el bienestar mental en la vida cotidiana. Las acciones clave incluyen:

· Intervenciones tempranas en entornos sociales: implementar programas de prevención universal en escuelas, lugares de trabajo y atención primaria, centrándose en la resiliencia y la detección precoz (Barry, 2014).

· Apoyo de nuevas tecnologías, como la IA, para acelerar el diagnóstico y la prevención, siempre en modo experimental que preserve las bases éticas que esto conlleva (Escotet, 2026).

· Abordar los determinantes sociales: atacar las causas profundas de la mala salud mental, como la pobreza, la desigualdad, el aislamiento social y la discriminación, mediante una acción coordinada entre sectores como la educación, la vivienda y el empleo (OMS, 2024).

· Campañas de concienciación pública: los sistemas nacionales de salud deben garantizar el acceso a los servicios psicológicos y llevar a cabo campañas sostenidas y financiadas por los gobiernos para eliminar el estigma y cambiar las percepciones públicas (Médicos sin Fronteras, 2026).

El mundo tiene las herramientas y las pruebas. La cuestión es si los líderes y las sociedades tienen la voluntad colectiva para actuar. La cifra de mil millones no es solo una estadística; es el reflejo de un fracaso colectivo al priorizar el bienestar mental. Estar a la altura de este momento exige nada menos que una gran acción social que reconozca que nuestra salud mental es interdependiente y que una sociedad más saludable es aquella en la que el bienestar mental se promueve, se protege y se prioriza para todos.

Referencias consultadas

Barry, M. (2014). Promotion of Mental Health and Primary Prevention of Mental Disorders: Priorities for Implementation, An Evidence Brief. Oficina Regional de la OMS para el Mediterráneo Oriental.

Dönmez, B. B. (2025). “WHO says an additional $3 investment per person could save millions from NCDs”. Agencia Anadolu.

Eaton, J. (2025). “Establishing accountability and promoting rights: the WHO QualityRights contribution to mental health, recovery and community inclusion”.  BJPsych Open, 11(5), e212.

Escotet, M.A. (2026). “Artificial Intelligence and Mental Health: Balancing Opportunities and Consequences”. Scholarly Blog, Retrieved at https://miguelescotet.com/2026/artificial-intelligence-and-mental-health-balancing-opportunities-and-consequences/, May 10.

Médicos Sin Fronteras. (2026). “Mental health: Implementation of related resolutions and decisions – EB158/7”. MSF Access Campaign.

Naciones Unidas (2025). “La OMS pide invertir en soluciones rentables para hacer frente a las enfermedades no transmisibles y la salud mental”. Ginerbra.

OMS. (2025). “Two new WHO Reports Reveal Urgent Need to Scale Up Mental Health Services Globally”. Tailandia.

OMS. (2025a). World mental health today: latest data.

OMS. (2025b). Mental Health Atlas 2024.

OMS. (2024). “How to sustainably finance the noncommunicable diseases and mental health response”.

OMS. (2023). “Suicide worldwide in 2021: global health estimates”.


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