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Catchall / Cajón de Sastre

Luis Manuel Peñalver, una vida con sentido ético

El 28 de abril de 2004 muere el Dr. Luis Manuel Peñalver. Años más tarde, me llega la triste noticia. Las circunstancias de efervescencia política y social de Venezuela hicieron pasar un poco desapercibido un hecho que, en otro momento, hubiese alcanzado la gran dimensión que se merece. Reviso la prensa venezolana de esos días y corroboro esta aseveración. Me cuesta trabajo comprender esta actitud hacia una personalidad venezolana universal, cuyos méritos son de sobra conocidos. Siempre he creído que la razón más importante de vivir es poder entregar a las generaciones de relevo un mundo mejor que el que nos ha tocado vivir. Por esa única razón, merece la pena transitar la vida. Luís Manuel Peñalver ejercitó profundamente ese sentido ético y algún día nos daremos cuenta de hasta donde llegó su gran legado.

A continuación reproduzco las palabras que pronuncié nueve años antes, durante la imposición de su Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional Abierta, de la cual fue su fundador y su primer presidente y al que tuve el honor de acompañar en mi calidad de vicerrector-fundador de la institución.

A Peñalver, el título de Amigo y Maestro

El Dr. Luis Manuel Peñalver recibe tarde pero al fin, el Doctorado Honoris Causa de esa institución que ayudó a concebir y a desarrollarse, la Universidad Nacional Abierta. Se rinde justo tributo a una personalidad venezolana, ciudadano del mundo, cuyos méritos son exclusivamente derivados del esfuerzo propio, de su capacidad singular de adelantarse a su tiempo, de su dedicación al mundo del conocimiento y de la educación y de su permanente servicio a la sociedad civil. Justicia por esas dimensiones profesionales y humanas que trascienden con él, con carácter excepcional. Méritos que representan a un hombre dedicado a la siembra de ideas y a la cosecha de realidades.

Luis Manuel, que se inició como maestro y profesor de secundaria antes de graduarse como médico, compartió siempre la generación del conocimiento con la divulgación del mismo. Al lado de su dilecto profesor Félix Pifano, trabajó como investigador en el área de medicina tropical. Hacia la mitad de los años cuarenta fue nombrado vice-rector de la Universidad Central de Venezuela. Durante los años de la dictadura tuvo que sufrir exilio y de ahí se reforzó su pasión latinoamericanista. Enseñó en Cuba y América Central.

En 1958 regresó a Venezuela y dio luz a su obra más querida, la Universidad de Oriente, bajo cuyo liderazgo sembró a la región oriental de innovaciones educativas que se destacaron a nivel nacional e internacional y que con aquella expresión “del pueblo venimos y hacia el pueblo vamos” dejó patente la identificación que debe tener la universidad con la comunidad a la que sirve.

Alegrías y tristezas siempre compartidas con Gloria, ese amor fiel, compañera de fatigas, soporte de sus luchas y estímulo de sus actuaciones y en la más constructiva crítica de su obra social y personal. Nosotros los psicólogos que estudiamos los fascinantes caminos del pensamiento afectivo, aventuramos la hipótesis de que un hilo de afinidades ata muchas veces a los enamorados; en el caso de Luis Manuel y Gloria me atrevería a sugerir que ese hilo de acero es la poesía, esa poesía a que se refiere García Márquez como energía secreta de la vida cotidiana, que cuece los garbanzos en la cocina, y contagia el amor y repite las imágenes de los espejos. 

Arquitecto de realidades y contenidos universitarios, no existe en Venezuela ni en nuestro entorno continental ningún otro personaje que haya dado tanto por la educación superior. Fundador, además de la de Oriente, de las Universidades Nacional Abierta y Metropolitana, primer presidente de la Comisión Organizadora de la Universidad Simón Bolívar y co-fundador o participe directo de muchas otras universidades e instituciones nacionales e internacionales, como la Universidad de Naciones Unidas, una a las que todavía sigue arrimando su hombro y comprometiendo su talento.

Ministro de Educación, presidente del grupo latinoamericano del Consejo Ejecutivo de la UNESCO, presidente de CONICIT, legislador, embajador, diputado y senador. El Dr. Luis Manuel Peñalver ha pasado de ser patrimonio nacional a propiedad universal. Propiedad que encuentra su expresión en nuestra comunidad de pueblos latinoamericanos, a donde ha llevado también, el fermento de su inquietud por la integración, la unión y el desarrollo cooperativo entre todos. De sobra conocido es su incursión en la ciencia, la cultural y educación internacional. Miembro activo y fundador de organizaciones internacionales como el Grupo Universitario Latinoamericano-GULERPE, la Asociación Internacional de Presidentes Universitarios, su constante vinculación a organismos de integración como OEA y OEI o su trayectoria impecable y pródiga en UNESCO.

El Dr. Peñalver es amante de la libertad, de la cultura, con una vasta y fecunda experiencia en el dominio de la educación y la ciencia; un amante del idioma, pedagogo, maestro, médico, ensayista; político incorruptible, integrador en su propia existencia de la extraña combinación de la ética, la estética y un sentido trascendente de lealtad al pueblo; un  hombre que ha sabido con prudencia, con tesón y altruismo ofrecer su existencia al servicio publico del país y de la comunidad internacional.

Luis Manuel Peñalver es de eso raros personajes que todavía quedan en este mundo de violencia física y espiritual que no se dejan corromper ni por el poder, ni por la adulación y que hacen de su vida sinónimo de autenticidad, de tolerancia, de entrega a un ideal y de amor apasionado por la verdad. Hombre sobre todo arropado por un sentido inmenso de compasión por el sufrimiento de los demás.

Pero por encima de todos los atributos que definen este singular venezolano, está el de su sentido de la amistad. Bajo el entrañable contenido de esta palabra surge en mi memoria el tiempo y el paisaje donde comenzó nuestra larga amistad, como en el final de Casablanca. Fue allí, en el Cerro Colorado de Cumaná, donde recién había pasado el arado y de frente al mar en presencia del Maestro Gallegos, la Universidad de Oriente daba su primera cosecha de profesionales. Yo iniciaba prácticamente mi andadura docente universitaria, recomendado por otro gran venezolano, don Pedro Iturbe con quien colaboraba en el Hospital Antituberculoso de Maracaibo. Quedé prendado por la obra y por su autor. Allí nació para mí otro sentido existencial. Un sentido que debo al Maestro Peñalver y que es el mejor patrimonio: el ejercicio de la ética como una forma de vida. Es así que Luis Manuel y yo hemos hecho nuestra, aun en la distancia o en el silencio, esa interpretación de Bacon a la que se refiere André Maurois y que dice que “aquellos que no tienen amigos a quienes abrirse, son caníbales de su propio corazón”.

El pueblo venezolano que siempre ha sido selectivo en los sentimientos y apasionado en el corazón  le rinde una vez más merecidísimos honores, hoy con el Doctorado honorífico de la Universidad Nacional Abierta, a quien ha hecho de su vida una dedicación ejemplar al mundo de las ideas en un final de siglo de más sombras que luces. Ese simbolismo ideológico por el representado que concibe las ideas como gérmenes que se propagan, se difunden, se desarrollan y cual faros esplendorosos iluminan las rutas de las generaciones que han sido, son y serán.

Las obras materiales pueden desaparecer de la tierra pero las ideas no mueren: la tradición, las inscripciones, los jeroglíficos, los monumentos que las traducen y las escrituras, las salvan del diluvio de las horas y de los cataclismos que sorprenden a la naturaleza o que son deliberadamente producidos por el mismo hombre. 

Por ello más que el doctorado le deberíamos dedicar los hermosos títulos de amigo y maestro. Amigo,  porque la amistad para él, no se quiebra ni en la adversidad ni en la alegría. Porque su entrega a la amistad, es parte de ese sentimiento cósmico, que lleva a las almas verdaderamente grandes a conmoverse con la soledad y el dolor de la humanidad y a tratar de aliviar esos sentimientos que acompañan a los seres humanos durante la mayor parte de sus vidas.

Maestro, porque su inteligencia sigue prodigándose generosamente, porque su idealismo sigue inspirando hermosos sueños, porque su bondad e inquebrantable fe en la tierra y sus mujeres y hombres que tanto ama es un ejemplo que crece y fructifica.

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Miguel Angel Escotet le dedicó este discurso de orden al Dr. Luis Manuel Peñalver, al serle otorgado el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional Abierta de Venezuela, el 20 de septiembre de 1995.

©2012 Miguel Angel Escotet. Todos los derechos reservados. Se puede reproducir citando la fuente y el autor.

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