
- November 4, 2025
- Derechos Humanos, Diploma Honorario, Educación, Educación Superior, Ética, Filosofía Social, Jurisprudencia
Kerry Kennedy nos inspira a no permanecer en silencio, a usar nuestra voz y nuestras plataformas, sin importar cuán grandes o pequeñas sean, para actuar y mejorar la suerte de los demás. Así habremos cumplido con nuestra conciencia y con lo que significan los valores humanos de la educación, en la fuerza de la palabra, la compasión y la ley. Pero para alcanzar estas metas, además de tener determinación, perseverancia y altos estándares éticos, siempre he creído necesario volver a nuestros orígenes. Hay que reaprender a sentir para poder comprender.
Es un privilegio investir a Kerry Kennedy como profesora honoris causa en ciencias jurídicas y celebrar la vida y la obra de una mujer cuya existencia ha sido un faro de esperanza y un llamado a la acción. Durante más de cuatro décadas, Kerry no solo ha llevado el legado de su padre, Robert Francis Kennedy, a quien celebraremos el centenario de su nacimiento el próximo 20 de noviembre, y el de su madre Ethel, fundadora en 1968 de Robert F. Kennedy Human Rights, sino que también lo ha acrecentado, convirtiéndose en una de las defensoras de los derechos humanos más incansables de nuestro tiempo. Durante más de cuatro décadas, Kerry ha acarreado la antorcha de la justicia de su padre y la ha alimentado con el combustible de un intelecto riguroso y una compasión inquebrantable.
Y es un momento de gran emoción interior poder dar este reconocimiento a Kerry, su hija, que para aquel entonces tenía solo 8 años, pues era una deuda idealista, impagable, que adquirí, como ella sabe, al poder conocer y estrechar la mano de su padre, intercambiar unas palabras optimistas y memorizar su penetrante y tierna mirada de hombre bueno, de hombre con convicciones. Un brevísimo encuentro que me persiguió desde un frio otoño de 1967 en Washington D. C., acercándose a su cumpleaños, en su despacho de senador del Congreso, a donde fui de la mano de uno de sus estudiantes voluntarios de Georgetown University, Eric Reuther, con el que había entablado una larga amistad en los Cuerpos de Paz en América Latina, e hijo de uno de los pioneros de la poderosa UAW Union, Victor Reuther, sobreviviente de un atentado de asesinato que le costó la pérdida de un ojo y que era un buen amigo también del senador Kennedy.
Fui a Austin a seguir mis estudios de postgrado en psicología y desde ahí, seguí con mi esposa la trayectoria de Bobby Kennedy, apoyándole en su nominación del Partido Demócrata para la presidencia de EE.UU. Pero desdichadamente, después de su discurso de la victoria en las primarias de California, cuando se dirigía a la rueda de prensa, la cual esperábamos frente al televisor, en la madrugada del 5 de junio de 1968, le segaron su voz en Los Ángeles, apenas un mes después del asesinato de Martin Luther King. Este pasaje íntimo transformó mi vida, me enseñó a trabajar para los demás y a luchar contra la violencia con el arma de las ideas, de la educación y de la cultura de paz. Por ello, evoco ante vosotros su memoria, con el favor del destino, para expresar, con humildad, Kerry, pero con alegría, su integración honorífica y por méritos propios en nuestra comunidad académica.

Como su padre, su viaje comenzó, como tantos, en las aulas. Se graduó de la prestigiosa Brown University y luego profundizó su compromiso con la justicia en la no menos prestigiosa Facultad de Derecho de Boston College, donde obtuvo su doctorado en jurisprudencia. Esta sólida formación no fue solo un título; fue el cimiento sobre el que construiría toda una vida de activismo responsable y estratégico.
Pero su compromiso con el conocimiento no nació solo de las aulas, sino también de una necesidad vital de entender y dar voz a quienes luchan pacíficamente. Entre los libros que ha escrito, destaca uno fundamental: “Decir al poder la verdad: Defensores de derechos humanos que están cambiando nuestro mundo”. En él no solo escribió; también escuchó, entrevistó y plasmó las historias de valor de activistas de todo el planeta. Este libro trascendió las páginas impresas para convertirse en la base de un programa educativo global que hoy enseña derechos humanos en escuelas y universidades, desde España hasta América, sembrando la semilla de la justicia, la tolerancia y los valores humanos en las nuevas generaciones.
Y ese rigor intelectual es el mismo que ha aplicado al liderar la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights. Bajo su dirección, la organización no solo es una voz sonora de protesta responsable y pacífica, sino también un centro de acción inteligente y efectiva.
Su viaje paralelo a la academia comenzó en 1981, como pasante en Amnistía Internacional, investigando abusos de derechos humanos en El Salvador. Desde entonces, ha dedicado su vida a la búsqueda de la justicia igualitaria y a la protección del Estado de derecho. Bajo su liderazgo como presidenta de la Fundación Robert F. Kennedy Human Rights, la organización se ha convertido en un socio crucial para los defensores de los derechos humanos en todo el mundo, trabajando en más de 60 países.
Su labor es tan amplia como los derechos que busca proteger. Para comprender el impacto tangible de su trabajo, podemos observar solo algunas de sus campañas más destacadas:
- Reforma de la Justicia Penal: Kerry ha luchado contra las injusticias del sistema penitenciario. Su organización dio la fianza de $100,000 para liberar a Pedro Hernández, un adolescente que llevaba más de un año en detención preventiva en Rikers Island sin condena. Poco después, los cargos fueron retirados. También abogó incansablemente por la “Ley Kalief”, una legislación para garantizar juicios rápidos y poner fin a la detención prolongada sin sentencia.
- Derechos de los inmigrantes: En respuesta a la política de “tolerancia cero” de 2018, Kerry lanzó la campaña “Break Bread, Not Families” (Partamos el Pan, No a las Familias). Junto a Dolores Huerta, lideró marchas y vigilias en Texas, arriesgándose incluso a ser arrestada para alzar la voz contra la separación de familias, una práctica que denunció como “inmoral e ilegal”.
- Una visión global de los derechos humanos: Su trabajo ha abarcado una gama extraordinaria de causas: desde los derechos de las mujeres y de los pueblos indígenas hasta la libertad de expresión y la justicia ambiental, demostrando una comprensión holística de que los derechos humanos son indivisibles.
El compromiso de Kerry Kennedy no ha pasado desapercibido. Por esta trayectoria excepcional, que une el pensamiento crítico con la acción compasiva, ha sido reconocida con el premio Óscar Romero de Derechos Humanos de la Universidad de Dayton en 2025 y con la Medalla por el Activismo Social de la Cumbre Mundial de Premios Nobel de la Paz. Varias universidades, como Le Moyne College y la Universidad de San Francisco Law School, le han otorgado doctorados honoris causa, reconociendo en ella no solo a una activista responsable, sino también a una académica y mentora.

Este brevísimo semblante, a modo de ejemplos, que deja cientos de acciones y logros que nos has inspirado en el transcurso de su trayectoria, Kerry Kennedy, sobre todo, nos demuestra que la lucha por un mundo más justo no se libra solo en las calles, sino también en las aulas, en los libros y en el riguroso estudio de la ley. Ella encarna la idea de que la verdadera fuerza para cambiar el mundo nace de la unión entre el conocimiento y la compasión. Kerry precisamente reforzó esta convicción durante el premio Óscar Romero, al recalcar que “la lucha por los derechos humanos exige valor, compasión y un compromiso inquebrantable con la justicia para todos”. Esas palabras no son solo una declaración de principios; son el resumen de su vida.
En un mundo a menudo abrumado por la división y la desesperación, como ella misma ha expresado, su trabajo nos recuerda a cada uno de nosotros, con nuestras capacidades y nuestro conocimiento, con nuestro talento y talante, el poder de una sola persona para enviar “una pequeña onda de esperanza”. Esas ondas, al cruzarse, como dijo Robert F. Kennedy, “construyen una corriente capaz de derribar los muros más poderosos de opresión y resistencia”.
Kerry Kennedy nos inspira a no permanecer en silencio, a usar nuestra voz y nuestras plataformas, sin importar cuán grandes o pequeñas sean, para actuar y mejorar la suerte de los demás. Así habremos cumplido con nuestra conciencia y con lo que significan los valores humanos de la educación, en la fuerza de la palabra, la compasión y la ley. Pero para alcanzar estas metas, además de tener determinación, perseverancia y altos estándares éticos, siempre he creído necesario volver a nuestros orígenes. Hay que reaprender a sentir para poder comprender.
Vivimos en un mundo desgarrado y disminuido en su entorno físico y social que propone absolver o indultar su culpa mediante la afirmación absurda de que la moral que nos ha dado los derechos humanos, el rechazo de la crueldad y la compasión por el sufrimiento humano es una moral de perdedores. Personas como Kerry nos hacen ver que, si bien esa parte del mundo existe, hay otro mundo que siente, como decía Bertrand Russell, “una abrumadora piedad por los sufrimientos de la humanidad”. Estamos convencidos de que el regalo más grande que personas como ella pueden darnos a quienes deseamos una visión más poderosa de la moral universal es, con meridiana claridad, el ejemplo de su propia vida.
@ 2025 Miguel Ángel Escotet. Todos los derechos reservados. Se puede reproducir citando la fuente y el autor. Estas palabras corresponden a mi laudatio en la concesión del título de profesora honoris causa en ciencias jurídicas a Kerry Kennedy por la Universidad Intercontinental de la Empresa (UIE), el 3 de noviembre de 2025, en Santiago de Compostela.
Créditos fotográficos: (1) Robert F. Kennedy and Kerry, Look Magazine, 1963; (2) Kerry Kennedy, RFKHR Foundation, 2025.