Professional e-portfolio to comply with requirements
of transparency and university accreditation standards

Dimensiones afectivas y éticas de la educación

educaesco1

La política de «oferta educativa semejante para todos», que ha caracterizado y que todavía caracteriza a una buena mayoría de sistemas educativos en el mundo, debe ser modificada por la de una educación diferenciada para lograr resultados igualitarios. Esta política social es a nuestro entender la más importante para alcanzar una genuina igualdad de oportunidades: es decir, igualdad de partida, pero también igualdad de resultados. Se hace necesario establecer un nuevo criterio redistributivo y de educación compensatoria para igualar el déficit acumulado en zonas rurales, en barrios marginales, en niños impedidos, en grupos étnicos; en definitiva, en las personas que poseen desventajas para aprender.

En la optimización y mejora del sistema educativo está la clave y modernización de la sociedad, sin desestimar, por supuesto, la necesaria reforma social, apoyada en los principios de la democracia, la tolerancia ideológica, la igualdad social y la solidaridad internacional. Transformar y mejorar el sistema educativo sin etnocentrismos es adecuarlo a las necesidades del futuro. Un futuro interétnico, intercultural, que respete la variedad y singularidad de las culturas que definen nuestro mundo.

A ese futuro interétnico de la educación se le unen muchos otros futuros: el ecológico, el científico, el técnico, el económico, el del binomio trabajo-ocio, el de cultura de paz, el estético, el ético. Es un mundo multidimensional y un futuro impredecible en vertiginoso cambio, fragmentado por el propio ser humano que no alcanza a comprender el sentido gestáltico de que la unidad, el todo, son producto de la variedad, de la diversidad, del movimiento. Unidad en la diversidad es símbolo de armonía. Cada vez que atentamos contra la diversidad, ponemos en peligro la unidad. Pero diversidad no significa desigualdad ni asimetría. El concepto de diversidad parte de la equidad de derechos y deberes de las personas que se obtiene a partir de políticas y hechos desiguales, diversos, mediante el perfeccionamiento de lo que está existencialmente implícito en la solidaridad y fraternidad. Aquí está el gran desafío para combatir la pobreza, el racismo, la violencia, la cultura de la guerra, la degradación del medio ambiente, la ignorancia…

Para alcanzar esa fraternidad se debe empezar por edificar un sistema social que inculque valores y actitudes hacia la solidaridad. Una de las estrategias esenciales para lograr este comportamiento radica precisamente en la educación. Un proceso que abarca toda la vida del ser humano. Una educación sin límites que tiene que ampliar el recinto de la escuela a toda la sociedad. Por ello, a esa educación diferenciada que busca obtener iguales resultados se tendría que incluir una educación para la diversidad basada en los componentes afectivos del aprendizaje.

El conocimiento adquirido no es producto de un proceso desarrollado en el vacío, sino en la interacción de experiencias, tanto individuales como sociales que dan sentido a la vida del ser humano. Por ello, educar en su sentido más amplio no puede ser sinónimo de enseñar, instruir o entrenar. Educar es formar e instruir. Es combinar los procesos cognitivos y afectivos convirtiendo los contenidos en elementos libremente disponibles y discernibles, pero también como parte del crecimiento de la personalidad y de la convivencia en sociedad.

Es así que lo que diferencia una escuela de un centro de entrenamiento es que la escuela se orienta al desarrollo integral del ser humano en consonancia con su medio, no solo mediante la enseñanza de destrezas y capacidades, característica de los centros de entrenamiento, sino en el aprendizaje social y cultural y en el crecimiento como persona, no en soledad, sino en constructiva compañía. En el fondo, esto sería la base para una educación en y para la diversidad. Sin embargo, la escuela en buena parte de países demuestra tener problemas graves en el desarrollo de buena parte de las competencias cognoscitivas —como las que corresponden a los lenguajes matemáticos o abstractos— pero las dificultades en el manejo de variables sociales y culturales tiene en la escuela una profunda crisis, aún más profunda que la propia cognitiva. La violencia, el egoísmo, la desmantelación de conductas cooperativas, la educación etnocéntrica, son parte de un problema más generalizado. Nuestros sistemas educativos están informando mal y formando mucho peor. La educación afectiva está prácticamente remitida a un último lugar y esto es a mi juicio una de las causas más importantes de su mala salud. Solamente señalar, por ejemplo, la obsesión a la que se ha llegado en Estados Unidos de poner por delante de la educación, la medición estandarizada de los aprendizajes; de enseñar para pasar los tests a expensas de dejar de enseñar para el corazón.

La escuela tendrá que poner mas atención a esas variables. En mi libro Cultural and Social Foundations of Education presento 21 variables afectivas que son esenciales en la construcción de la educación del futuro (Escotet, 2000). Ente ellas,  desarrollar el pensamiento ético y estético, las conductas de flexibilidad y tolerancia, el ejercicio permanente para la liberación de prejuicios mentales y sociales, la moderación de lo superfluo, aprender a compartir el conocimiento, aprender a saber escuchar, fomentar las actitudes para compartir, aprender el sentido de convivencia con la naturaleza, con el conocimiento y con el propio ser humano. En definitiva, aprender a aprender en compañía.

Las mujeres y los hombres aprenden que vivir es sinónimo de estar en relación con el otro. Poco a poco, aprenden que para vivir en comunidad necesitan aceptar unas pautas de conducta y unos modelos sociales. Ni estos ni aquéllas son unidimensionales, sino plurales, diversos, multidimensionales. Y la cultura como expresión creativa de la persona es el acarreo en el tiempo de los distintos aprendizajes y desaprendizajes que se van incorporando en el recorrido histórico: los valores, las tradiciones, las creencias, los mitos, las ideologías, las costumbres, la ciencia, las actitudes y la innovación.

El ser humano deviene en ser cultural en el seno de su parcela social y comunitaria. Tiende a actuar y desarrollarse sobre unas bases de ética social. Estas bases –las de preocuparse por su semejante, admitir su diferencia, respetar su libertad– son las que determinan el quehacer diario del ser humano en relación con la cultura. Pero no existe una moral social convincente, si la propia sociedad no permite la acción permanente de autoanálisis y autocrítica que ayude al ser humano a perfeccionarse, en un mundo cambiante y constantemente acosado por estímulos externos y por nuevas creaciones. El hilo conductor tiene que partir de las dos instituciones fundamentales de la sociedad: la familia y la escuela. Ese hilo debe dirigirse a la educación como práctica de la democracia, de la libertad, de la equidad, de la modernidad, de la innovación y de un humanismo comunitario. Hilo que nos conduce a un futuro deseado, a unos ideales a los que no podemos renunciar. Un futuro interétnico impregnado de la mayor riqueza que tiene nuestro mundo, su variedad cultural. Un futuro para la educación que sin renunciar a su función de desarrollo de competencias cognitivas y meta-cognitivas, profundice en las dimensiones afectivas y actitudinales. Una educación que además de enseñar para el corazón se oriente por un sentido estético y ético de la vida.

©2011 M. A. Escotet. Todos los derechos reservados. Se puede reproducir citando la fuente y el autor.

Escribir un comentario

Enviar

  • A A A
  • Citas sobre la educación

    Los buenos profesores son caros; pero los malos, lo son todavía más. - Bob Talbert

    Subscribir al RSS

    RSS

    Últimos tweets

     

    Tres pasiones, simples pero abrumadoramente fuertes, han gobernado mi vida: el anhelo de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por el sufrimiento de la humanidad.

    Bertrand Russell

    Copyright © 2008-2012 Miguel Ángel Escotet. All Rights Reserved.